martes, 21 de mayo de 2013

Entre ofrecerse y venderse, está el valor de nuestra marca personal

Nos han enseñado desde muy pequeños que el atesorar cuantos más conocimientos mejor, y tener un buen expediente laboral, era garantía suficiente para encontrar un trabajo para toda la vida. La realidad de hoy en día y las tendencias esperadas en el mercado laboral, han dado la vuelta a estas creencias. El mostrar nuestra trayectoria en un documento llamado CV que cada día ofrece más dudas y menos resultados, no hace sino reafirmar la idea de que debemos vendernos a los reclutadores, que ofrecen un empleo para el que sobran candidatos.


Fuente CC: Claudio.Ar

Sí, tradicionalmente han funcionado así los procesos de selección. Ante una vacante de empleo publicada en cualquiera canal (on-line u off-line), cientos de candidatos se inscriben en un proceso en el que no existe filtro para la inscripción inicial: todo está a un golpe de un click. Esas personas ofrecen sus candidaturas, con la esperanza de ser llamados a incorporarse en el proceso de selección, momento en el cual (entrevistas presenciales) esas personas tratan de demostrar en un tiempo muy limitado lo mejor de sí mismas, con el objeto de convencer al reclutador.

Por tanto, tenemos una linealidad en el proceso que no cumple las expectativas (encontrar empleo) de los candidatos: primero ofrecerse para luego venderse. Ni siquiera satisface a los reclutadores (ojo, el hecho de que tengan cientos de CV's a su disposición, no significa que no les dificulte su trabajo, al tener que dedicar mucho tiempo al proceso de cribado). Por tanto, a menudo nos encontramos con una falta de satisfacción en ambas partes.

Recordemos, por obvio que pueda parecer, que a los reclutadores les pagan por encontrar al candidato idóneo para una vacante de trabajo. Esto no significa en absoluto que les guste, ni mucho menos que les haga más sencillo su trabajo, el hecho de tener multitud de CV's a su disposición. Están deseando encontrar candidatos válidos, para ayudarles y para ayudarse a sí mismos, y por ello cada día más buscan en la Red, aquellos que puedan ser de su interés.

Ahora bien, en su búsqueda en Internet, se encuentran con muchos candidatos que se ofrecen al estilo de 'busco trabajo, gracias', y que en numerosos casos no ofrecen al reclutador lo que anda buscando. Si tú fueras reclutador y tuvieras cientos de CV's de personas que se ofrecen para una sola vacante, ¿harías algún esfuerzo por buscar gente adicional que se ofrece en las mismas condiciones en redes sociales?...

Probablemente no lo harías. ahora bien, ¿qué ocurriría si apostásemos proactivamente por nuestra marca personal, demostrando lo que valemos, y usando los 'social media' para difundir nuestra identidad?. Es decir, ¿qué pasaría si nos vendiésemos?. Estoy convencido de que el resultado sería distinto. Poniendo las cosas fáciles al reclutador, trabajaríamos anticipadamente en proyectar al exterior nuestra valía, de tal forma que cualquiera empresa pudiese comprobar que lo que somos y hacemos, les encaja en el perfil de las vacantes disponibles que puedan tener.

En definitiva, en la diferencia entre ofrecerse y venderse está el valor que transmitimos, con el objetivo de optar con mayores garantías a la generación de oportunidades profesionales.

Hasta mañana.


2 comentarios:

Oliva Manzorro Pérez-Blanco dijo...

Estoy de acuerdo que el enfoque 2.0 no puede ser el mismo del currículum tradicional ( que también ha experimentado cambios por cierto)Pero no se trata sólo de venderse, de la técnica, sino que la clave está en el producto ¿es bueno? ¿ofrece algo especial? Eso es lo difícil. Aunque claro está que hay gente muy buena que no se sabe vender, pero eso es más fácil de solucionar, la técnica se aprende mejor. Saludos y enhorabuena por tu fructífera producción (no sé como consigues escribir tantos posts)

Miguel Angel Riesgo dijo...

Hola Oliva, gracias por tu comentario, es un placer tener en este blog a personas como tú que os dedicáis al mundo de la orientación laboral, vuestra opinión tiene un peso indudable.

El producto (nuestra marca personal) y su comercialización (difusión en redes off y on-line) van necesariamente de la mano; el no hacerlo implicará fallos en alguno de los dos extremos. En cualquier caso, la falta de sincronización entre ambos significará que la marca resultante o no es auténtica (vendemos bien pero no ofrecemos realmente nada), o bien que tenemos una gran marca que no conseguimos proyectar al exterior.

Oliva, y con lo de los posts, tú podrías hacerlo también. Te lo aseguro, sólo hay que conocer el secreto... 8:)