lunes, 20 de mayo de 2013

La constancia, eso tan difícil de mantener

Los grandes objetivos que nos planteamos relacionados con nuestra marca personal, y cuyo resultado sabemos perfectamente que llegarán en el largo plazo, requieren constancia. Es la única receta que conozco para 'calar' hondo en la mente de los demás. Si existieran otras recetas, atajos en definitiva que consigan los mismos resultados, por favor compartidlos conmigo.


Fuente CC: reiven

Los que hablamos de marca personal usamos con cierta frecuencia la expresión 'dejar huella'. Esta es el rastro (digital o no) que vamos dejando a nuestro paso, tras cada acción que llevamos a cabo. En la Red esto es muy fácil, puesto que los contenidos quedan 'para siempre'. Ahora bien, puedo ir dejando mucho rastro digital tras de mí, en forma de numerosos contenidos, y sin embargo no necesariamente significa que ya haya creado de forma consistente, mi sello personal y profesional.

Una marca personal, es decir, una percepción de valor que pueda dejar sobre los demás de forma duradera, y que me convierta en el 'elegido' cuando haya varias alternativas, necesita de mucho más que un simple impacto de vez en cuando, o incluso muchos en un determinado espacio de tiempo.

Con cada interacción que tenemos sobre los demás generamos una determinada percepción; sin embargo, se trata de un impacto temporal que no deja ningún recuerdo permanente; al contrario, se convierte en un mero 'toque' momentáneo sin mayor importancia y sin ninguna consistencia en el tiempo.

Para que este impacto temporal se convierta en una percepción duradera, es necesario ser constante en la emisión de mensajes, de tal manera que consigamos ir haciendo mella en nuestro público objetivo. Esta recurrencia en el mensaje (contenidos) hará que nuestra comunidad nos vaya reconociendo poco a poco, identificándonos; al cabo de (mucho) tiempo, esas mismas personas nos irán conociendo cada día más, sabiendo quiénes somos y de qué hablamos; será en ese momento cuando la interacción entre ellos y nosotros se convertirá en mucho más fluida, puesto que hemos logrado generar, mediante la repetición no machacona sino constante, una confianza que derivará en relación.

Y ser constante no significa necesariamente escribir todos los días como hago yo, sino de gestionar las expectativas de nuestros seguidores, de tal manera que estos puedan saber cuándo volverán a recibir nuevo contenido nuestro. Por tanto, la constancia entendida como frecuencia de actualización de contenidos, la definimos cada uno de nosotros.

Ahora bien, como es lógico existen unos intervalos mínimos. Nadie pensará que una marca personal incipiente llegue a ser reconocida, si aparece una vez al año por la Red. Esa frecuencia no lograría dejar ningún recuerdo en aquellos que nos puedan leer.

Hasta mañana.