lunes, 1 de julio de 2013

A mayor objetivo, mayor riesgo de fracaso

Cuando invertimos en nuestra marca personal, con el objetivo de generar oportunidades profesionales en el futuro, la ambición juega un papel fundamental. Ahora bien, si conlleva establecer grandes objetivos a conseguir en el corto plazo, es muy probable que se fracase en el intento.

Objetivos pequeños no grandes
Fuente CC: Alex Pascual Guardia

Gestionar la marca propia con un objetivo profesional, de cara a posicionarse como un especialista en un área determinada, y lograr crearse una reputación en base a un trabajo constante y de calidad, pasa por conseguir (tarea nada fácil) la confianza de los demás. Cuando los demás confían en nosotros, no tendrán en cuenta para proponernos colaboraciones profesionales, o incluso para ofrecernos un empleo. Éste es el auténtico fin para el que debemos definir toda nuestra estrategia, tanto off como on-line.

Y esto es una carrera de fondo para la que no existen atajos posibles. Es por ello que el establecimiento de unos objetivos excesivamente ambiciosos, pueden trabajar en nuestra contra, al hacerlos inalcanzables en el tiempo previsto.

La idea que planteo es la de fijarse unos objetivos razonablemente pequeños (especialmente cuando empezamos a trabajar conscientemente en nuestra marca), que sean perfectamente alcanzables. La gestión de nuestra marca personal es un proyecto en el que iremos aprendiendo día a día, y en el que, si lo hacemos correctamente, iremos consiguiendo (pequeños) resultados con el tiempo. Esto no sólo afecta positivamente a nuestra auto-motivación para continuar, sino que nos permite ir definiendo nuevos objetivos algo mayores que los ya conseguidos. Porque vamos construyendo sobre lo ya hecho, lo que asegura la continuidad de nuestro proyecto.

Porque cualquier cosa que hagas en la gestión de tu marca personal, y siempre que lo conviertas en el contenido correspondiente, irá sumando positivamente a tu identidad profesional, y acercándote a tu objetivo. Tu huella digital irá creciendo. Cada nueva entrada que crees en tu blog, cada nueva formación que des, cada entrevista que te puedan hacer, cada comentario que añadas a un grupo de debate en LinkedIn, ..., es un gran paso adelante.

Al cabo de un tiempo, mira hacia atrás y comprueba cuál ha sido tu avance, cuántos contenidos has logrado crear, cuántos comentarios te pueden haber hecho, cuántos nuevos followers tienes, ... A partir de aquí, te aseguro que podrás deberás establecerte nuevos objetivos que impulsen aún más tu marca personal.

Te animo a seguir esta estrategia, donde te aseguro que la constancia genera sus frutos.

Hasta mañana.


4 comentarios:

Mónica García dijo...

Tu lo has dicho, toda una carrera de fondo. Gracias por tu artículo.

Miguel Angel Riesgo dijo...

Gracias Mónica por dejar tu comentario.

Paloma Reino dijo...

Leyendo tu post me he acordado de la diferencia entre metas y objetivos, que conoci en el blog de Florencio Martínez.
Un objetivo es una resultado medible, fruto de una actividad o actividades.

Medibles.
Dependen de ti.
Se centran en la actividad.
Una meta es un resultado deseado en un plazo de tiempo medio o largo.

No son tan exactas.
No sólo dependen de ti.
Se centran en el resultado.
Escribir diariamente en un blog es un objetivo. Generar una oportunidad profesional es una meta.
Esto también viene a cuento del otro post tuyo sobre si estar en las redes garantiza encontrar un empleo.

Miguel Angel Riesgo dijo...

Hola Paloma, gracias por tus aclaraciones de valor. No había pensado de esa manera la diferencia entre objetivo y meta, tiene mucho sentido.