lunes, 8 de febrero de 2016

¿Qué significa (realmente) ser 'jefe'?

Déjame antes aclararte que detesto la palabra 'jefe', o más bien el concepto a que tradicionalmente se refiere, es decir, aquella persona con una autoridad jerárquica concedida por la empresa. Me siento más cómodo con el concepto de líder, puesto que tiene unas connotaciones más nobles.


Pero bueno, a lo que vamos. Cuando yo era mucho más joven, quería ser 'jefe'. De hecho, era un pensamiento que hacía muy consciente allí por donde pasaba. Para mí, ser 'jefe' estaba íntimamente ligado a un mayor salario y, por qué no, a tener un cierto 'poder'; de alguna manera, pensaba que ser 'jefe' consistía en que los demás me seguirían 'ciegamente', obedeciendo mis 'órdenes' como si del ejército se tratase; porque si la empresa me atribuía y concedía mayor autoridad y me hacía de ese modo ascender en el escalafón jerárquico, sería por algo, ¿no?.

Sin embargo, NO podía estar más equivocado; es lo que tiene la juventud, que nos proporciona unas alas imaginarias que nos hacen creer cosas muy alejadas de la 'realidad'. Fue a finales de los 90, en Indra, donde por fin me concedieron mis 'deseos', y empecé a tener equipos humanos bajo mi supervisión.

'Supervisión'. Ese fue mi primer error, el pensar que llevar equipos consistía en supervisarlos. Muy pronto me di cuenta de que buena parte de las personas que estaban en mis equipos, tenían bastante más edad que yo, y una experiencia de la cual en aquellos momentos me encontraba muy lejos. Y como era de esperar, muy pronto fui consciente de que el asunto no era tan fácil como me imaginé en un principio. La realidad estaba bien alejada de mis suposiciones iniciales: los 'equipos de trabajo' eran básicamente personas con ambiciones y emociones, e iban a trabajar para ganarse un salario (como yo); en definitiva, personas cuyo resultado, fruto de un trabajo individual y colectivo, distaba mucho de las decisiones unilaterales que pudiese tomar su jefe. Personas con un seniority mucho más avanzado que el que tenía yo en aquellos momentos, y que se daban cuenta claramente de que yo estaba empezando en ese momento a dar mis primeros pasos en el mundo de la gestión de personas.

Pero claro, es evidente que a uno no le inoculan los aprendizajes cuando nacen, por lo que los errores se convierten con el tiempo en el mejor profesor. Hay que estar muy atento a sus enseñanzas, y ser consciente para que el siguiente error no te pille desprevenido, y seamos capaces de reaccionar de mejor manera.

Tras los años de experiencia llevando equipos humanos (fundamentalmente ligados a la venta, y actualmente con una visión integral -ventas, administración, márketing, RRHH, atención al cliente, ...), me doy cuenta que, por mucho que haya trabajado con personas, no pasa un día sin que me de cuenta de que sigo aprendiendo. Y de hecho, lo considero como una obligación, puesto que el no hacerlo así, me puede pillar en 'fuera de juego' cuando menos me lo espere.

Porque no me canso de repetirlo. La empresa es un 'ser vivo' conformado por personas, donde de su implicación y compromiso dependen sus resultados (individuales y colectivos). Y ese compromiso y sentido de pertenencia (lo que ahora viene en denominarse 'engagement'), no se consigue como por arte de magia cuando el 'jefe' lo ordena. Bueno, claro que puede hacerlo, y quizás ese estilo de gestión resulte en ciertos resultados cuantitativos en el corto plazo, aunque siempre serán temporales e inconstantes; de hecho, ese estilo autoritario no tiene ninguna continuidad en el tiempo, ya que suele ser muy desgastante, en tanto consume una elevada cantidad de energía (tanto para el 'jefe' como para los que lo tienen que sufrir).

Ese líder 'lidera', valga la redundancia. Es consciente de que liderar significa invertir (no gastar) un elevado porcentaje de su tiempo en gestionar personas, con todo lo que ello implica (motivar, mover a la acción, escuchar, orientar, acompañar, reorientar, seducir, ...). El que no lo haga así, y desconozca que únicamente su equipo es el que lo hará 'grande', está definitivamente perdido.

Porque liderar significa también asumir la responsabilidad de lo que ocurra en mis equipos, tanto para lo bueno como para lo malo. Sí, es cierto que cada cual es responsable de sus propias acciones, al menos dentro del rol que se le atribuye en la empresa; pero el responsable final soy yo, y eso es una cuestión que hay que asimilar perfectamente. No es un juego.

He oído en ocasiones que una de las razones principales por las cuales las personas dejan las empresas, es por su jefe. Hasta cierto punto, puedo estar de acuerdo con ello. Y sabiéndolo, he de poner un especial cuidado y atención en lo que sucede a mi alrededor, puesto que perder una persona talentosa tiene un coste muy elevado (económico, formación de nuevas incorporaciones, selección y reclutamiento, ...). Y eso, no se consigue con análisis de hojas de cálculo y fórmulas estadísticas, sino acompañando a las personas de la organización, siendo sensibles y conscientes de que mis acciones tienen una repercusión inmediata en sus emociones, y que cualquier negligencia por mi parte puede desembocar en consecuencias no deseadas.

Por eso te pregunto, ¿quieres ser realmente 'jefe'?, ¿quieres convertirte en un 'líder'?, ¿estás dispuesto a recorrer un camino tortuoso donde tendrás que ajustar constantemente tu estilo de gestión?, ¿estás dispuesto a convertirte en responsable final, para lo bueno y lo malo, y llegar a estar permanentemente en el 'ojo del huracán'?, ¿estás dispuesto a recibir críticas constantemente por tu gestión, y ser responsable de reorientar constantemente tus acciones?.

Porque si estás dispuesto y tienes la 'madera' necesaria, te aseguro que es un camino fantástico, en el cual tu evolución (aprendizaje) será meteórico.

Hasta pronto.

Imagen CC: Manuel J. Prieto